Cerramos el año con una Misa-Vigilia

A dos días de sonar las campanas del nuevo año la parroquia cerró con la celebración de una vigilia el pasado martes, 29, este 2020, que pasará a la historia como el año de la pandemia del coronavirus que ha sido para no pocos una verdadera pesadilla.

Dos sentimientos, recogidos en dos palabras centraron la atención del buen número de feligreses que asistieron a la celebración. Gracias y Perdón fueron las dos palabras. El primero es el de la gratitud. Agradecimos a que haya estado con nosotros que haya sido nuestro compañero de viaje. Llegamos al fin del año porque Él ha sido bondadoso con nosotros.

Además de la gratitud, para cerrar en paz el año pedimos perdón y humildemente nos arrodillarnos ente Dios reconociendo nuestra pequeñez, nuestra debilidad, confiados, eso sí, en que el Dios en el que creemos es misericordioso y compasivo y está siempre dispuesto al perdón.

No se trató sólo de cerrar la puerta del año 2020, también se puso en las manos de Dios el nuevo año que estaba a punto de iniciarse y pedirle que no se canse de acompañarnos nuestro recorrido en los próximos meses del 2021. Dios no se cansará, porque es una Padre bueno, de seguir siendo nuestro compañero de viaje confiando en que las cosas mejoren para que la gente pueda vivir con más tranquilidad y recuperar la alegría y la esperanza.

Las lecturas proclamadas en esta celebración vinieron como anillo al dedo. Doce meses dan para mucho. En este año que termina hemos tenido tiempo para todo. Y siendo este el año de la pandemia ha sido un tiempo marcado por el sufrimiento de muchos y por la partida de seres queridos de nuestro entorno y de nuestra comunidad. Que un año da para todo nos lo recordó el texto del Levítico que se proclamó en la primera lactura.

En el texto del evangelio de San Mateo Jesús daba gracias al Padre porque su mensaje sentía que lo recibían y entendían los pequeños y sencillos. Esa misma gratitud de Jesús a su Padre es la gratitud que en al cierre del año debemos sentir todos nosotros.

Sobre el altar pusimos, como ofrenda a Dios, los doce meses que tenemos por delante, colocando una vela por cada mes del año al que se le puso un nombre. Muchas tareas dejamos pendientes para este año 2021 que empieza en apenas dos días, muchos propósitos que nos hicimos al inicio de este 2020 y que no hemos satisfecho. Pidamos a Dios que siga acompañándonos en este largo viaje de doce meses que tenemos por delante y que nos dé la fuerza para hacer cada día lo correcto.

Estas doce velas que vamos a colocar en el altar representan la luz del Espíritu que nos va a acompañar en estos meses. A cada uno de estos meses le vamos a dar un nombre. Enero, mes de la humildad, febrero, mes del corazón limpio marzo fortaleza en la fe, abril mes de los testigos, mayo mes de la esperanza y así hasta diciembre que lo llamamos mes de la paz y de la alegría.

A la salida de la celebración, que duró hora y media, los participantes expresaron su satisfacción por esta celebración en la que saborearon el clima de reflexión, meditación y oración que hubo en el encuentro.

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